Existe un grupo heterogéneo de pequeños asteroides
conocidos como objetos Aten-Apollo-Amor (A.A.A.), aunque también son denominados Earth-Grazers (EGA) y Earth-Crossers
(ECA), es decir, rozadores y cruzadores de la Tierra. En los últimos tiempos a estos
objetos se les denomina también NEO (Near Earth Objects),
aunque esta denominación es más amplia y engloba a cualquier objeto celeste que se
aproxime a nuestro planeta. Como estos nombres indican, pueden acercarse mucho a la Tierra
y se supone que, junto con los cometas, son los responsables de los impactos meteoríticos
acontecidos en la Tierra y en la Luna en los últimos miles de millones de años. Así
pues, pese a que suelen poseer diámetros insignificantes en comparación con otros
asteroides (muchos parecen relacionados con los meteoritos, como por ejemplo el asteroide
Toro), adquieren una importancia casi vital para nosotros: el tal vez desaparecido
asteroide Hermes, el 30 de octubre de 1937 se acercó a tan sólo 0,005 UA (750.000 km) de
la Tierra, y el 1994 XM1 el 9 de diciembre de 1994 pasó a únicamente 105.000 km. El 10
de abril de 1972 un meteorito de unas 1.000 toneladas cruzó el estado de Montana a una
altura de unos 60 km, rebotando en la atmósfera y perdiéndose en el espacio. De haber
poseído un ángulo de incidencia algo mayor, podría haber chocado en Alberta y producir,
según W.K. Hartmann, un cráter de unos 100 km de diámetro, haber devastado todo en un
diámetro de unos 1.500 km (mayor que la superficie de España y Francia juntas) y dejar
sentir sus efectos en todo el mundo tal vez durante varios años, siendo muy optimistas en
estas estimaciones.
Los A.A.A. suelen dividirse en Earth-Crossers,
que comprenden aproximadamente el 5% del total de asteroides conocidos, y en Mars-Crossers, estimándose que su número hasta la
magnitud 18 debe ser de unos 20.000 (diámetros entre 0,9 y 1,7 km), los cuales pueden
acercarse en ocasiones a la Tierra. De hecho, cada autor suele denominarlos un poco a su
aire, pero por sus características orbitales pueden clasificarse en tres grupos:
AMOR.- Asteroides que
normalmente pueden estar a menos de 1,3 UA del Sol, pero que no llegan a pasar por el
interior de la órbita de la Tierra, la cuál está entre 0,983 y 1,017 UA del Sol.
APOLLO.- Asteroides como
los anteriores pero que pueden interseccionar la órbita de la Tierra (1 UA). Son los
potencialmente más peligrosos.
ATEN.- Asteroides con
semieje mayor inferior a 1 UA, es decir, que ocasionalmente pueden cruzar la órbita de la
Tierra pero generalmente están más cerca del Sol que ésta.
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Orbitas
típicas de los asteroides de los tipos Amor, Apollo (Apolo) y Aten (Atón) y de la
Tierra. Aunque la probabilidad es mucho mayor para los Apollo, los tres tipos pueden
impactar con nuestro planeta. En promedio, cada 1.400 años se produce un cráter de
impacto de 1 km, de 10 km cada 100.000 años, de 100 km cada 14 millones de años y un
cráter de más de 200 km cada 30 millones de años. En estos dos últimos casos el
desastre sería global para todo el planeta y podría significar el fin de nuestra
civilización. Un impacto similar causó la gran extinción de hace 65 millones de años.
¡Toda una lotería sobre nuestras cabezas! |
Los tres tipos, aunque pueden acercarse a la Tierra,
discurren dentro de la órbita de Marte y hay quien piensa que algunos podrían ser
planetésimos que no se agregaron durante la formación de este planeta, aunque parece
poco probable que puedan ser tan viejos ya que o bien ya deberían haber chocado con los
planetas y la Luna o haber sido arrojados fuera del sistema solar.
En la actualidad se conoce un buen número de Earth-Crossing,
comprendiendo casi la mitad de los de tipo Amor catalogados, así como prácticamente
todos los de tipo Apollo y Aten. Existe el programa NEO, en el que participan activamente
astrónomos aficionados, con la finalidad de prácticamente descubrir todos los mayores
(los más peligrosos para nosotros) en el plazo de unos 10 años, por lo que anualmente se
descubre un número considerable de ellos. Se estima que hasta la magnitud 18 deben
existir unos 1.300 Earth-Crossers y cada millón de años 3 ó cuatro de estos
cuerpos colisionan con la Tierra, en tanto que un número similar lo hace con Venus,
Mercurio, Marte y la Luna. Aproximadamente la mitad de estos objetos que se acercan mucho
a los citados planetas, sin llegar a colisionar, son arrojados gravitacionalmente fuera
del sistema solar. Así, según G. Wetherill, la vida típica de los A.A.A. es de unas
decenas de millones de años, aunque puede esperarse que algunos sobrevivan durante
centenares o incluso miles de millones de años.
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Eleanor Helin inició la
vigilancia de los asteroides que se acercan a la Tierra en 1973, habiendo descubierto un
gran número de ellos con la cámara Schmidt de M. Palomar, entre ellos el primer
asteroide del tipo Aten. Junto con Eugene Shoemaker empezó el programa Palomar
Planet-Crossing Asteroid Survey (PCAS). |
A escala geológica la mayoría de los EGA no pueden
ocupar sus órbitas actuales durante mucho tiempo. Sin embargo, a partir del análisis de
los cráteres de impacto en la Tierra, se deduce que su población se halla
aproximadamente en equilibrio. Esto presupone que, durante los últimos 500 millones de
años, el número de asteroides que han sido arrojados fuera de sus órbitas o han chocado
con los planetas, ha sido equilibrado por los provenientes de otras regiones del sistema
solar. Los unos son mandados por Marte con ocasión de aproximaciones de EGA con dicho
planeta. Otro porcentaje muy importante proviene de fragmentos originados por colisiones
entre asteroides del cinturón principal y que son arrojados de sus nuevas órbitas por
las fuertes perturbaciones de resonancia (cuando sus períodos orbitales son múltiplos o
fracciones del período de Júpiter). Finalmente, un número no despreciable puede deberse
a cometas confinados a órbitas más cortas debido a las perturbaciones causadas por
Júpiter. En los tiempos recientes tenemos el ejemplo del cometa Encke; si estos cometas
están constituidos por una amalgama de hielo y roca, al menos en su núcleo, con el
tiempo los gases congelados se irán sublimando y las rocas restantes pueden proporcionar
un buen número de nuevos EGA. En promedio cada año se descubren tres pequeños cometas
con órbitas parabólicas que se acercan a una Unidad astronómica (UA) del Sol (en los
últimos tiempos, al haberse incrementado los medios para su detección, bastantes más).
El 95% poseen períodos orbitales inferiores a los 20 años, calculándose que un tercio
de los cráteres de impacto recientes en la Tierra con diámetros de hasta 10 km son
debidos a cometas. En el siglo XX hemos tenido muestras palpables de impactos procedentes
del espacio, como son los casos de Tunguska en 1908 y Sikhote-Alin en 1947 en la Tierra y
el cometa
Shoemaker-Levy 9 en Júpiter.

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