Hacía mucho tiempo que los paleontólogos se
estaban preguntando cuál o cuales habían sido las causas de la desaparición de los
dinosaurios, acaecida hace 65 millones de años, en la frontera del Cretácico y el
Terciario, los cuales durante 140 millones de años habían dominado la Tierra. Parecía
como si a nadie le interesara afrontar decididamente el tema hasta que, súbitamente, de
manera totalmente independiente, a principios de 1980 aparecieron cuatro publicaciones
debidas a J. Smith y J. Hertogen, K. J. Hsü, Walter Alvarez y C. Emiliani, indicando que
la gran extinción pudo tener una causa extraterrestre. La hipótesis mejor fundamentada
resultó ser la del geólogo Walter Alvarez, hijo del premio Nobel de Física Luis
Alvarez.
F.
Asaro, H. Michel, Luis Alvarez y Walter Alvarez acababan de hacer un descubrimiento de
gran trascendencia: en la capa de arcilla, de aproximadamente 5 milímetros de grosor, que
marca la transición del Cretácico al Terciario hallaron un contenido de iridio y osmio
160 veces superior a lo normal. Además, esta anomalía existía en 40 sitios comprobados
alrededor de la Tierra. El iridio es poco abundante en la superficie de la Tierra, pero
por el contrario lo es mucho más en los meteoritos. Así pues, dedujeron, era probable
que un asteroide hubiese colisionado con la Tierra. Por la cantidad de iridio detectado,
debía poseer un tamaño de unos 10 km. Posteriormente en la citada capa se han hallado
gran número de esférulas vítreas parecidas a las tectitas que se producen cuando se
funden las rocas. Normalmente se producen en las proximidades de los volcanes, pero
también a resultas de impactos de meteoritos. El análisis químico descartó el origen
volcánico.
Un
asteroide de unos 10 km de diámetro no es un cuerpo de tamaño despreciable, pues si
chocase con la Tierra, mientras un extremo podría ya estar tocando el fondo de un océano
el otro estaría empezando a cruzar la parte más alta de la biosfera. A una velocidad de
20 km/s la energía liberada por el impacto podría equivaler como mínimo a 5.000
millones de veces la potencia de la bomba atómica lanzada sobre Nagasaki. Si fuese
pétreo o de hierro (como los meteoritos) podría excavar un volumen de tierra cien veces
superior a su tamaño y dar origen a un cráter de más de 100 km, probablemente entre 200
y 300 km. En caso de caer en un océano, a su alrededor el agua hubiese hervido,
vaporizando un volumen de agua entre 20 y 100 veces superior al suyo propio, es decir,
entre 1.000 y 5.000 km cúbicos, originando una columna de vapor de 20 a 30 km de altura
que destruiría la capa de ozono. Esta cantidad ingente de agua al volver a la tierra al
cabo de unos meses en forma de lluvia o nieve, podría dar lugar a precipitaciones locales
del orden de centenares a millares de litros por metro cuadrado. Al mismo tiempo, el
choque lanzaría a la estratosfera alrededor de 50.000 millones de toneladas de polvo que
durante varias semanas o incluso meses, bloquearían el calor y la luz solar, quedando
toda la Tierra sumergida en una larguísima noche helada que detendría la fotosíntesis.
Es lo que ahora conocemos como el invierno nuclear que sucedería tras una conflagración
mundial con armas atómicas, pero con una intensidad decenas de veces superior. De hecho,
los impactos del cometa Shoemaker-Levy 9 sobre Júpiter han mostrado
que sólo el material meteórico o cometario bastaría para oscurecer la atmósfera, eso
sin tener en cuenta todo el material de la propia corteza terrestre que fuese arrancado y
puesto en suspensión.

Por
si fuera poco, el calor originado por el impacto debería producir un incendio a escala
global de los bosques y praderas de la Tierra. Y esto es lo que se deduce del informe
presentado por geoquímicos de la Universidad de Chicago dado a conocer en 1985. En
efecto, en la capa limítrofe entre el Cretácico y el Terciario, la del iridio, hallaron
una cantidad sorprendentemente grande de hollín. Evidentemente, esto debería haber
añadido más dramatismo a la catástrofe, al haberse consumido gran parte del oxígeno
atmosférico y transformándose en el mortífero monóxido de carbono, al tiempo que
hubiera aportado todavía más nubes de polvo absorbente de la radiación solar. Todo el
carbono que fuese a parar a la atmósfera debido a la combustión vegetal, también
provocaría lluvias ácidas a escala planetaria que destruirían aún más a la capa
vegetal, y afectaría desastrosamente al fitoplancton marino que bajaría los niveles de
producción de oxígeno y destruiría las cadenas tróficas marinas.
Si la teoría de Alvarez es cierta, ¿dónde
está el cuerpo del delito?, es decir, ¿en qué lugar colisionó el asteroide? Parece ser
que hace poco se encontraron los resto fósiles de éste suceso en la península de
Yucatán en México, es el famoso cráter semisumergido de Chicxulub. El cráter, que se
encuentra enterrado, posee unas dimensiones de unos 200 km de diámetro y se detecto a
causa de anomalías geológicas y magnéticas de la zona. La datación exacta del
astroblema indica que tiene 64,98 millones de años, con un error de 50.000 años. Además
alrededor suyo se han encontrado extensísimos yacimientos de tectitas, indicando
claramente la zona del impacto.
Pero, ¿en qué
consistió la gran extinción del Cretácico? De entrada significó el fin, no sólo de
los dinosaurios, sino del 70% de las especies vivientes, aunque en realidad tuvo muchos
matices, aunque lo más desconcertante es que consistió en un exterminio selectivo. Es
decir, que mientras algunos grupos de especies desaparecieron totalmente, otros lograron
sobrevivir. Por ejemplo, parece ser que los invertebrados pequeños de agua dulce, tales
cómo los moluscos de ríos y lagos no se vieron afectados. En lo referente a animales
terrestres, los de gran tamaño, a partir de 25 kg de peso, fueron extremadamente
vulnerables. En cuanto a la vegetación, parece cómo si hubiesen desaparecido todos los
árboles de las selvas húmedas, habiendo sobrevivido únicamente los helechos. Además la
extinción también dependió de la zona, siendo notable que ésta fuera más aguda y
virulenta en el hemisferio norte que en en el sur.

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| La gran extinción que terminó con los
dinosaurios no es la única ni la más importante acaecida en los tiempos geológicos. En
el Paleozoico hubo otras, destacando la de fines del Ordovicio, en la que se extinguieron
cerca del 90% de todas las especies vivientes. |
De
todas formas, no existe total unanimidad para aceptar la teoría del impacto asteroidal
como causante de la extinción de los dinosaurios. Precisamente entre los paleontólogos
es donde existe el mayor número de detractores ya que, según ellos, la extinción de los
dinosaurios aunque instantánea desde un punto de vista geológico, tardó millares o
millones de años. Es posible que el impacto no fuera la causa última, aunque
posiblemente desde luego ayudó. Si en algo ya no existe ninguna duda, es que un cuerpo de
grandes dimensiones colisionó contra la Tierra hace exactamente 65 millones de años.
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