ORIGEN DE LOS ASTEROIDES

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Cuando Ceres fue descubierto ya era conocida la denominada ley de Titius-Bode. Esto es, si se comparan entre si las distancias crecientes entre los planetas, se ve que siguen una progresión que ya fue indicada por el alemán Wolf en 1741, publicada por su compatriota Titius en 1772 y finalmente formulada por Bode en 1778. Dicha progresión  que se denomina ley de Bode se estable como sigue: tomado una serie de números, empezando por el 0 y a continuación el 3, y doblando luego cada vez el valor a partir de la segunda cifra se obtiene lo siguiente: 0, 3, 6, 12, 24, 48, 96 y 192. Si se añade a continuación 4 a cada uno de estos números, resulta la nueva serie: 4, 7, 10, 16, 28, 52, 100 y 196. Pues bien, la relación de números es sensiblemente la misma que la que existe entre las distancia de los planetas al Sol, atribuyendo el número 10 a la Tierra. En efecto, los valores reales son 3,8 para Mercurio, 7,2 Venus, 10 la Tierra, 15,2 Marte, 52 Júpiter, 95,5 Saturno y 191,9 Urano. Todo concordaba salvo en un punto, que en el valor 28 no existía ningún planeta, que se supuso aún no se había descubierto. Cuando Piazzi descubrió Ceres, se vio que le correspondía un valor 27, muy próximo al 28  que la ley de Titius-Bode preveía, con lo cual parecía probada. No solamente esta ley no se cumple con Neptuno, que en aquella época no se conocía su existencia, sino que fue desconcertante cuando en 1802 se descubría un segundo asteroide a una distancia similar y luego un tercero, y un cuarto...

Para explicarlo, en 1803 Olbers propuso una arriesgada hipótesis: entre las órbitas de Marte y Júpiter habría existido un planeta, denominado Minerva, que por alguna causa desconocida habría estallado y sus restos serían Ceres, Pallas, Vesta, etc., los asteroides que se estaban descubriendo.

olbers.jpg (4866 bytes) Heinrich Wilhelm Olbers (1758-1840), doctor y astrónomo alemán, más conocido por la formulación de la Paradoja de Olbers, fue el descubridor del segundo asteroide conocido, Pallas, y del cuarto y más brillante de todos, Vesta. Asimismo fue el primero en desarrollar una teoría sobre el origen de los asteroides que tuvo gran aceptación durante cerca de 150 años.

Aunque la hipótesis de Olbers alcanzó gran popularidad en los siguientes 150 años, se le pueden formular muy serias objeciones. La primera es la propia explosión de "Minerva", pues los planetas no estallan, aunque podría soslayarse suponiendo un impacto catastrófico en las épocas primordiales. Un segundo punto es que las órbitas no parecen proceder todas ellas de un único suceso explosivo. En tercer lugar, los meteoritos que se encuentran en la Tierra, fragmentos de los asteroides, en su mayor parte están constituidos por material primitivo que nunca ha sufrido procesos de calentamiento o de compresión, como debería ser en el caso de haber constituido parte de un planeta de tipo terrestre. Y en cuarto lugar, la masa total de todos los asteroides es muy pequeña, tanto que se se pudiera reunir toda ella, equivaldría tan sólo a 5 centésimas de la masa de la Tierra.

No fue hasta los años 50 del siglo 20 que no hubo una teoría con suficiente entidad que pudiera hacer frente a la hipótesis de Olbers. Se debió al soviético V.S. Safronov: los asteroides no serían los restos de un planeta destruido, sino de un planeta abortado. Estos son los argumentos:

A partir de la nebulosa primitiva se formaron numerosos cuerpos sólidos, los planetésimos, de unas pocas decenas de kilómetros de diámetro. Chocando entre si a pequeñas velocidades se unieron formando cuerpos mayores, que a su vez iban barriendo a los más pequeños, como quien dice devorándolos y aumentando de volumen y masa hasta constituir los planetas.  A partir de este esquema, en la franja de asteroides se habría empezado a formar un planeta, cuyo núcleo primigenio tal vez fue Ceres, el mayor asteroide con unos 900 km de diámetro y una masa equivalente a una milésima de la terrestre. Sin embargo, este crecimiento se vió abortado por el desarrollo cada vez más rápido de su vecino el proto-Júpiter, cuya influencia gravitatoria provocó que cada vez fueran más modificadas las órbitas de los primitivos asteroides, aumentando sus velocidades de colisión de modo que los choques entre los fragmentos, en vez de ser constructivos, se volvieron destructivos. Simulaciones por ordenador han mostrado que este modelo es plausible.

Al Dr. George Wetherill, nacido en Philadelphia en 1925 y que hasta 1967 no publicó su primer trabajo relacionado con los asteroides, se le deben grandes aportaciones en el conocimiento de la dinámica de estos cuerpos, como por ejemplo de los Earth-crossing,  habiendo destacado también por su teoría sobre la formación de los asteroides que en cierto modo acercan la hipótesis de Olbers y la teoría de Safronov. Para él la influencia de Júpiter pudo impedir la acumulación de material en la zona de los asteroides mucho más tarde de lo que se suponía, cuando ya se habían formado varios embriones de planetas del tamaño de la Luna o Marte. Los sucesivos encuentros cercanos y las colisiones de estos proto-planetas los habría fragmentado y situado en órbitas inestables, y a partir de aquí habrían colisionado con los planetas o bien habrían sido arrojados fuera del sistema solar. Esto explicaría el por qué no parecen proceder todos de una misma órbita, que es una de las objeciones a la hipótesis de Olbers, pero sin embargo no explica el que los meteoritos estén compuestos por material primitivo, objeción que resuelve la teoría de Safronov. 

materia.gif (5502 bytes) Se puede calcular la cantidad de materia que existía en la nebulosa primitiva a distintas distancias del Sol, añadiendo a la masa de los planetas existentes los elementos volátiles y los gases que se perdieron por diversos motivos (alta temperatura, reducida gravedad, etc). La comparación con los contenidos actuales indica que existe un importante déficit en la zona de los asteroides y, en menor grado, de Marte. Esto sugiere que por algún proceso desconocido esta región resultó "vaciada".

Si Júpiter es el responsable de que entre él y el planeta Marte en vez de uno o varios planetas sólo exista un gran número de pequeños fragmentos, por el contrario, también parece ser el responsable de que éstos hayan persistido hasta nuestros días. En efecto, durante la formación el sistema solar se supone que no sólo había planetésimos entre Marte y Júpiter, sino a lo largo y a lo ancho de la nebulosa primitiva en cuyo el seno se formaban el Sol y los planetas (actuales y pasados). Constituían los restos o escombros sobrantes responsables del intensísimo bombardeo meteorítico que sufrieron todos los planetas y satélites, sobre todo durante sus primeros 400 millones de años de vida. Estos pequeños cuerpos, en unos casos chocaron con otros cuerpos similares, con los planetas o contra el Sol, mientras que en otros fueron arrojados del sistema mediante encuentros cercanos con cuerpos más masivos. El resultado final fue que todo el espacio interplanetario, una vez finalizado el gran bombardeo, quedó casi vacío, a excepción del cinturón de asteroides que existe entre Marte y Júpiter.  Este hecho sugiere que fue la influencia gravitatoria de Júpiter, la misma que había abortado la formación del hipotético "Minerva" ha sido la que ha conservado sus "embriones".   

 

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Grup d'Estudis Astronòmics      

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