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EL GLOBO DE SATURNO
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Dado el alejamiento de Saturno
(distancia media al Sol de 1.428 millones de kilómetros), el globo se nos muestra como un
pequeño disco muy achatado por los polos (1/10) con un diámetro aparente comprendido
entre 15 y 21" de arco, aproximadamente algo menos de la mitad del de Júpiter. Por
tal motivo, la observación de detalles en su atmósfera no es tarea fácil, no siendo
posible generalmente realizar estudios de utilidad si no se emplea un telescopio como
mínimo de unos 20 centímetros de diámetro y si el observador no posee una cierta
experiencia en la observación de Júpiter. Esta es una de las causas (no la principal)
por las que a lo largo de la historia se han obtenido telescópicamente muy pocos datos
conducentes a estudiar sus movimientos atmosféricos. En cuanto al aspecto físico, el disco de Saturno recuerda
mucho al de Júpiter, pues desarrolla también una atmósfera dispuesta en bandas y zonas
paralelas al ecuador. Por tal motivo, para designar a los detalles se utiliza una
terminología prácticamente idéntica a la de Júpiter, con muy pocas matizaciones. Un
pequeño telescopio ya es capaz de mostrarnos las bandas ecuatoriales (NEB y SEB). Sin
embargo, debido al alejamiento del planeta del Sol (poca iluminación) y a que en su alta
atmósfera existe una neblina que difumina los detalles más bajos, las restantes bandas
ofrecen ciertas dificultades para ser observadas. Esto se ve acrecentado por el hecho de
que en Saturno las bandas son muy lisas y poco contrastadas, carentes de grandes detalles
al estilo de Júpiter y en todo caso, cuando éstos existen, suelen ser de un tamaño
inferior al poder resolutivo de los telescopios de aficionado. La ausencia de
"festones" y de "óvalos" en la Zona Ecuatorial (EZ) y en las bandas
ecuatoriales, se cree es debida a la gran velocidad de las corrientes atmosféricas en
aquellas latitudes de Saturno (circulación barotrópica), del orden de los 1.400 km/h con
respecto al resto del planeta, lo que impide la formación de fenómenos turbulentos a
modo de ciclones o anticiclones. Por el contrario, las bandas ecuatoriales se disponen en
forma de tiras, casi perfectamente lisas. No obstante, en general se muestran constituidas
por varias componentes paralelas. En ocasiones, la presencia o la ausencia en ciertos
tramos de estas tiras dan la impresión, vistas al telescopio y con resolución
insuficiente, que las bandas ecuatoriales muestran condensaciones. Aunque se trata de un
efecto óptico, estos detalles deben ser seguidos y anotarse las horas de su tránsito por
el Meridiano Central (independientemente de su correcta identificación o no), pues pueden
proporcionar, prácticamente año a año, datos conducentes a determinar la velocidad de
los vientos zonales. |
Las zonas y bandas
templadas y polares son realmente ricas en detalles, tales como manchas alargadas claras y
oscuras, cortas tiras, etc., pero su contraste es bajísimo y de tamaño aparente medio
claramente inferior al segundo de arco. Por tal motivo su detección telescópica y mucho
menos su seguimiento y correcta identificación noche a noche es poco menos que imposible,
como difícil ya resulta incluso el detectar y representar en su correcta posición y
número las alternativas zonas y bandas templadas.
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| En Saturno las
bandas son lisas y poco contrastadas, carentes de grandes detalles al estilo de Júpiter.
Las dos manchas en forma de halo que se observan sobre el disco, en realidad son motas de
polvo sobre el objetivo de la cámara (Voyager-NASA). |
Un aumento de
resolución pone de manifiesto un buen número de rasgos individualizados, pero de
pequeño tamaño y bajo contraste, indetectables con telescopios terrestres (imágenes
Voyager. NASA). |
La clave de la menor
actividad de la atmósfera de Saturno con respecto a la de Júpiter puede ser el menor
calor interno del planeta. En efecto, aunque Saturno emite entre 1,5 y 3 veces más
energía que la que recibe del Sol, en términos absolutos radia unas cuatro veces menos
calor que Júpiter, al tiempo que recibe 29,5 veces menos calor del Sol. No obstante, en
Saturno se da un hecho que puede tener cierta trascendencia en cuanto al balance de
energía y por tanto, en los mecanismos que rigen su atmósfera superior. En efecto, a lo
largo de su período orbital de traslación de 29,45 años, la radiación solar recibida
por Saturno varía un 20%, a lo que hay que añadir su inclinación con respecto al plano
de la eclíptica, de 26°7, lo que se traduce en que la radiación recibida varíe con la
latitud (en Saturno se dan estaciones climáticas como en la Tierra), a lo que deberíamos
añadir, en otra escala, el efecto provocado por la sombra de los anillos sobre el
planeta, que interceptan en mayor o en menor grado la luz y el calor solar en el ecuador.
Por ello, pese a que el flujo calorífico es muy pequeño, no puede descartarse que tenga
su influencia en Saturno, sobre todo teniendo en cuenta que cada una de las estaciones
dura algo más de 7 años terrestres. Al respecto, debe tenerse en cuenta que pese a estar
muchísimo más alejados del Sol, el calor de éste en el perihelio es suficiente para
sublimar los gases congelados y originar atmósferas temporales en Quirón, Tritón o en
Plutón, por ejemplo.
Dibujo de Saturno por Barnard
con el refractor de 91cm del Observatorio Lick, el mayor de su época hasta la
inauguración del refractor del Observatorio de Yerkes, que con un diámetro de 1 m y pese
al tiempo transcurrido, continúa siendo el mayor telescopio de su tipo. A pesar de ser el
descubridor de la GWS de 1903, Barnard mantuvo polémicas defendiendo la práctica
inexistencia de detalles en las bandas Saturno, frente a otros observadores que con
instrumentos inferiores dibujaban detalles parecidos a los de Júpiter.
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