Tradicionalmente la
observación de rasgos atmosféricos en Saturno ha sido algo muy anodino. Sólo de muy en
cuando, con intervalos de decenios, habían podido detectarse rasgos que permitieran
estudiar los vientos atmosféricos en algunas latitudes. Incluso las sondas Voyager nos
mostraron un planeta liso con las bandas desprovistas de detalles. Los pocos rasgos que
detectaron lo fueron tras contrastar mucho las imágenes, lo que significa que eran
invisibles desde la Tierra. De esto se deduce que la mayoría de detalles, que en
ocasiones aparecen en los dibujos realizados por aficionados, son ilusorios. De hecho,
hasta hace unos pocos años, salvo en el caso de las GWS (grandes manchas blancas), en los
ambientes profesionales existía la creencia de que en Saturno no sólo no existían
detalles en cierto punto parecidos a los de Júpiter, sino que incluso ni podían existir
ya que deberían ser destruidos por los fuertes vientos.
Sin embargo, tras la GWS de
1990 la situación ha cambiado radicalmente y año tras año Saturno nos sorprende con la
aparición de nuevos rasgos. A ello ha contribuido sin duda la cámara CCD, con una
potencialidad muy superior a la fotografía y al propio ojo. En este estado de cosas, dos
son las hipótesis sobre la actividad atmosférica del planeta: la una sostiene que
Saturno puede tener épocas de actividad y otras de inactividad casi absoluta. La segunda
es que esta actividad siempre ha existido y únicamente la aplicación de la cámara CCD
ha permitido ponerla de manifiesto. Sea lo que fuere, lo cierto es que las mejores
fotografías obtenidas con grandes telescopios profesionales en el pasado deberían ser
capaces de mostrar detalles que ahora ponen de manifiesto cualquier cámara CCD aplicada a
un telescopio de aficionado.
La conclusión que se extrae de
todo ello es que, a pesar de las sondas Voyager y de la observación visual y fotográfica
a la que ha sido sometido durante en el último siglo, Saturno sigue siendo un planeta
desconocido para nosotros, capaz de depararnos sorpresas inesperadas (ver por ejemplo las
tormentas ecuatoriales del período 1994-98 o la tormenta polar de 1994). Una vigilancia
CCD de forma sistemática por parte de aficionados puede ayudar a desvelar sus secretos.