Las 'plumes' de la Zona
Ecuatorial
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A cualquier observador de
Júpiter no dejan de llamarle la atención los festones, penachos o 'plumes' que parten de
la NEBs (a 6°N) y se extienden por la Zona Ecuatorial. Se diría que siempre
han estado allí, que es algo inherente a la NEBs-EZn. Sin embargo, hace ahora un siglo
este tipo de actividad llegó prácticamente a desaparecer, lo que nos viene a decir que
los aspectos jovianos en el pasado pueden haber sido distintos de los actuales, y también
pueden ser diferentes en el futuro.
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Planisferio de Júpiter trazado por
Comas Solá a principios del siglo XX. Se aprecia una NEB muy delgada y desprovista de
detalles, con la NEBn ausente (los únicos rasgos son los rotulados como a5, b5 y c5, d5,
e5, f5, g5, h5) y una NEBs desprovista por completo de festones.
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A fines del siglo XIX y
principios del siglo XX la NEB sufrió varias crisis que la llevaron casi a desaparecer,
seguida de erupciones que recuerdan en gran manera a las reanimaciones de la SEB (Rogers,
1995). Según Peek (1958), en 1892 llegó a tener una anchura de 4 grados, de tan sólo
1,5 en 1895-96 y de 3 grados en 1897-98. Sin embargo, aún fue más delgada en el primer
lustro del siglo XX, con 1 grado en 1901 y 1905-06 y únicamente de 0,5 grados en 1905-06.
A partir de 1912 se "normalizó" y desde entonces ha sido por regla general la
banda más intensa del planeta, privilegio que únicamente le arrebata en ocasiones la SEB
después de una SEBD.
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Planisferio de la Zona Ecuatorial de
Júpiter trazado a partir de imágenes obtenidas con el Telescopio Espacial Hubble.
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Los festones o 'plumes', como
les gusta denominarlos a los profesionales, tienen un color azulado y son aberturas en la
capa de cirros superior, que nos muestran capas más profundas y cálidas. Fue
precisamente dentro de uno de ellos donde se precipitó la sonda lanzada a Júpiter por la
nave Galileo, indicando para sorpresa de muchos científicos, que son un lugar muy seco de
la atmósfera (para mayor información sobre los resultados globales ver Science 272,
1996).
A pesar de su
aparente turbulencia, cualquier estudioso de Júpiter que se dedique a seguirlos
comprobará que la mayoría de ellos pueden persistir durante toda una temporada. Es más,
Reese (1962, 1964) nos mostró que pueden durar varios años. En concreto, uno de ellos
duró como mínimo 12 años (Gómez 1974, Reese y Beebe, 1976).
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Júpiter visto por la sonda Pioneer
10. En el centro del disco destaca la 'plume' de larga vida que persistió durante una
docena de años. |
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Un aficionado provisto de una
cámara CCD puede hacer una inestimable aportación siguiendo los cambios de las 'plumes'
cada temporada y tratando de identificarlos año a año. Al poseer una tonalidad azulada,
destacan muy bien en las imágenes tomadas con filtro rojo e infrarrojo. Otro trabajo que
se deriva del primero, es el determinar su velocidad con precisión. Hay quienes indican
que los períodos de rotación de la EZ varían con un período de 12 años (un año
joviano), pero faltan estudios para confirmar dicha periodicidad a largo plazo.
Referencias
R.O. Fimmel, W. Swindell, E.
Burgess, Pioneer Odyssey, NASA SP-396, 1977.
J.M. Gómez, Júpiter:
presentación 1969-70, Astrum 29, 10-21 (1974).
B.M. Peek, The Planet Jupiter,
Faber and Faber, London, 1958.
E.J. Reese, Observing Jupiter,
Sky & Telescope 24, 70-74 (1962).
E.J. Reese, Júpiter in 1963-64:
Rotation Periods, JALPO 18, 85-95 (1964).
E. Reese, R. Beebe, Velocity
variations of an equatorial plume throughout a Jovian year, Icarus 29, 225-230
(1976).
J.H. Rogers, The Giant Planet
Jupiter, Cambridge Univerty Press, 1995.
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