Júpiter, el señor de los vientos - III |
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Preguntas y más preguntas Ya hemos
visto que existe una relación entre el aspecto bandeado del planeta y los vientos
zonales, pero eso no acaba de explicarlo todo: ¿cuál es el origen de los vientos
zonales?, ¿qué controla la intensidad de las corrientes en chorro y su anchura?, ¿de
dónde obtienen los vientos su energía?, ¿se extienden los vientos hacia el interior
fluido del planeta?, ¿por qué los colores de las nubes que forman las zonas y bandas son
distintos?, ¿de qué son las nubes?, etc. En definitiva, ¿por qué tienen bandas los
planetas gigantes?. Se ignora con certeza la respuesta a todas estas preguntas, en algunos
casos, simplemente se ignora cuál puede ser la respuesta. Por ejemplo, la mayoría de los
planetólogos aceptan que el techo de nubes debe de estar mayoritariamente compuesto de
nubes de cristales de amoniaco, pero no hay seguridad en cuanto a la composición química
de las nubes a diferentes profundidades.
Son
dos las teorías que compiten para explicar la existencia de los vientos zonales en
Júpiter y en general los planetas gigantes del Sistema Solar. Una de ella supone que los
vientos zonales reflejan el comportamiento dinámico de una atmósfera delgada cuya fuente
de energía principal es la que recibe del Sol, como es el caso de la Tierra. Sin embargo,
el incremento de la velocidad del viento con la profundidad, tal y como indicaron
los datos de la sonda atmosférica Galileo que se sumergió en el interior del planeta en
1996 (en realidad sólo arañó las capas más altas de la atmósfera, ya que transmitió
datos hasta una profundidad situada a unas 25 atmósferas de presión), tiende a sugerir
un origen más interno de los vientos zonales. Júpiter posee una fuente de calor interno
importante, ya que la energía radiada al espacio que proviene del interior del planeta es
de la misma magnitud que la que recibe del Sol. Dicho calor debe ser transportado desde el
interior al exterior, principalmente por convección a través del gran océano de
hidrógeno molecular. Simulaciones numéricas de la convección térmica que se produce en
un casquete esférico en rotación, muestran que el fluido se organiza en cilindros alineados con el eje de giro. Los cilindros se
extienden hasta la superficie del planeta donde se manifiestan en forma de corrientes en
chorro y bandas. Estas simulaciones pueden predecir las intensidades de las corrientes en
chorro observadas en Júpiter y Saturno, aunque el número de bandas que se produce es más pequeño que el
observado en los planetas reales. Experimentos de laboratorio en la Tierra y en
condiciones de ingravidez en el espacio, sugieren que realmente surge una estructura de
bandas y vientos zonales cuando se produce convección dentro de un casquete esférico de
fluido (Figura 13).
Los vientos
zonales: ¿un fenómeno inmutable? Si realmente
los vientos zonales son debidos a una circulación interna del océano de hidrógeno
molecular, y lo que vemos es su manifestación externa, entonces la variabilidad en el
tiempo debe ser muy escasa a corto plazo. Debido a la inmensa inercia de las gigantescas
masas de fluido en el océano de hidrógeno molecular de Júpiter, éstas tendrán una
tendencia casi nula a cambiar sus estados de movimiento en intervalos de tiempo cortos.
¿Cuáles son las evidencias observacionales?. El registro
histórico de observaciones nos dice que la distribución de bandas y zonas, aunque con
grandes alteraciones de albedo (brillo) y morfología, se ha mantenido esencialmente
constante, así como las corrientes descubiertas por los observadores
visuales. Sin embargo el fragmentario registro histórico y la baja resolución de la
mayoría de las observaciones no nos permite hacer afirmaciones con mucha seguridad antes
de las visitas de los Voyager a Júpiter.
Las
naves Voyager tomaron imágenes a alta resolución durante unos pocos meses en 1979. Más
tarde, a partir de 1996, la sonda Galileo se puso en órbita alrededor de Júpiter
transmitiendo imágenes también a alta resolución del planeta y sus satélites, y
realizando experimentos empleando una tecnología superior a la que transportaban los
Voyager. Pero la misión Galileo se ha dedicado principalmente a estudiar los satélites
galileanos, y ha enviado datos del techo de nubes de Júpiter en instantes de tiempo muy
puntuales. La siguiente
misión automática que se ha acercado a Júpiter es la Cassini, de paso en su viaje hacia
Saturno, en la víspera de año nuevo del 2001, y aunque la comunidad científica está
todavía a la espera de nuevos resultados, no hay previstas mas misiones para estudiar la
atmósfera de Júpiter a corto o medio plazo. Sin embargo de
manera más o menos sistemática el telescopio espacial Hubble ha apuntado a Júpiter al
menos en varias ocasiones cada año. La resolución de las mejores imágenes alcanza los
150 km por píxel, muy semejantes a las imágenes de resolución media tomadas por las
sondas Voyager (Figura 14). El interés del archivo de imágenes de Júpiter tomadas por
el Telescopio Espacial reside en que cubren un intervalo de tiempo de varios años, muy
superior a los intervalos temporales de observación de Voyager y Cassini, y por tanto
permiten estudiar la evolución de los vientos zonales y compararlos con los resultados
aportados por los Voyager.
El
Dr. Agustín Sánchez-Lavega y el autor, del Observatorio Esteve Duran, dentro del Equipo de Atmósferas
Planetarias del Departamento de Física Aplicada del País Vasco, midieron y estudiaron el
perfil de vientos zonales de Júpiter analizando imágenes tomadas por el HST desde 1995
al año 2000. Las mediciones, perfectamente comparables en precisión a las basadas en
datos Voyager, indican que al menos durante un período de 20 años los vientos de la alta
troposfera de Júpiter se han mantenido globalmente estables, aunque localmente se han
detectado diferencias en la intensidad y posición de algunas corrientes en chorro (Figura
15). Estos
resultados, además de enlazar los períodos Voyager y Cassini, también indican que
existe una cierta variabilidad, en algunos casos ligada a cambios morfológicos
importantes mientras que en otros la relación entre la morfología y la estructura del
perfil de vientos no es tan clara.
Nuestro
resultados indicaron que la corriente en
chorro situada a 24ºN había sufrido una notable alteración de velocidad, mientras
que también se encontraron apreciables discrepancias, más allá de la dispersión de los
datos, en ciertas partes del perfil zonal situado entre 30ºN y 60ºN. Otro hallazgo
interesante indica claramente que la alternancia de corrientes en chorro se prolonga al
menos hasta los ±80º de latitud, extendiendo así el perfil Voyager más de 10º hacia
los polos. Sin duda los
resultados que ofrezca la sonda Cassini nos darán una imagen muy precisa de la situación
de la circulación global del planeta durante las breves semanas en que lo sobrevoló,
pero está claro que hay que seguir trabajando para someter a revisión las teorías sobre
el origen de los vientos de Júpiter. Las simulaciones por ordenador y los experimentos de
laboratorio, por ejemplo, no explican por qué existen tantas corrientes en chorro y tan
cerca de los polos, y ni siquiera una posible alteración de latitud en tan sólo 20
años. De todas formas algunas incógnitas están todavía dentro del territorio de lo
desconocido sin ni siquiera teorías que nos puedan dar explicaciones provisionales de lo
que ocurre. Por ejemplo, es un completo misterio la profunda asimetría que muestra el
perfil de vientos: la contrapartida meridional de la gran corriente en chorro a 24ºN
está ausente, su lugar lo ocupa la Gran Mancha Roja, ¿una coincidencia?. Júpiter posee un sistema atmosférico mucho más simple que el terrestre. No posee continentes que ofrezcan resistencia a la circulación atmosférica, el gradiente meridional de temperatura entre el ecuador y los polos es prácticamente nulo, la variabilidad estacional es pequeña, y sin embargo todavía somos incapaces de comprender los principales mecanismos que mueven la maquinaria atmosférica del planeta gigante.
Agradecimientos Investigación financiada por el Proyecto PNAYA2000-0932 y la Fundación Observatori Esteve Duran.
Bibliografía
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Grup d'Estudis Astronòmics |
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