  |
La fotografía de los meteoros desde
una única estación nos permite conocer la trayectoria aparente del meteoro proyectada en
la bóveda celeste, como si se tratase de un fenómeno transcurrido entre las estrellas
mismas. Para conocer la trayectoria real de la partícula en la atmósfera se deberá
realizar la fotografía del meteoro desde doble o múltiple estación. Si además de
registrar el trazo desde dos estaciones, somos capaces de estimar la duración exacta del
meteoro podremos calcular la velocidad geocéntrica de entrada. Sabida esta velocidad ya
podremos calcular la órbita de esta partícula y, por tanto, conocer toda la información
posible, incluso por comparación orbital el cuerpo engendrador del cual se ha
desprendido. Precisamente la determinación de la órbita heliocéntrica de los
meteoroides viene a ser una de las mayores aportaciones que se pueden hacer en astronomía
de meteoros. Conseguir asociar la órbita del meteoroide con el cuerpo originario
constituye una aportación fundamental en el estudio de la dinámica de la materia
interplanetaria.
|
| En la
década de los noventa la lluvia de meteoros anual de las Perseidas poseyó una actividad
muy alta debido al retorno del cometa emparentado P/Swift-Tuttle. Este impresionante
bólido de magnitud -8 producido por la entrada a la atmósfera de un fragmento de este
cometa fue fotografiado por el autor en pleno máximo la noche del 11-12 de agosto de
1993. Posteriormente se calculó su órbita, confirmándose que era muy similar a la del
cometa (Trigo J., 1997). |
|
| Estos meteoroides
grandes estaban contenidos en una nube de partículas en forma de huso que comenzó a
detectarse en 1988 en la longitud del nodo cometario. Tal y como esquematiza burdamente la
figura, acompañaban al cometa P/Swift-Tuttle siendo de origen relativamente reciente. |
La siguiente figura nos
muestra como los meteoroides de un mismo origen siguen órbitas casi paralelas en el
espacio (1) pero al entrar en la atmósfera sus trayectorias se ionizan y parte de la
energía cinética se transforma en luz produciendo el meteoro (2) que, visto por el
observador, se proyecta sobre la bóveda celeste (3). Si este meteoro no se fotografía
desde dos estaciones es imposible conocer su trayectoria real en la atmósfera. Sin
embargo, desde una única estación si trazamos sus trayectorias, todas las pertenecientes
a un mismo enjambre provendrán de un punto denominado radiante. Dependiendo de la
distancia a éste cada meteoro poseerá una determinada longitud y velocidad angular. Por
ejemplo, aquel meteoro que se dirija directamente hacia el observador será contemplado
por éste como un punto luminoso que se enciende y se apaga en el mismo radiante. Debido a
no desplazarse en el cielo se denominan meteoros estacionarios. Por regla general, cuanto
más cerca del radiante aparezcan más lentos aparecerán los meteoros.
|
| El
radiante de una lluvia de meteoros se produce por el efecto de perspectiva en el que el
observador contempla los meteoros sobre la superficie terrestre. La partícula en el
espacio que se denomina técnicamente meteoroide viaja velozmente hacia la Tierra (1)
encontrando su atmósfera. La fricción con los átomos de la alta atmósfera origina que
antes de volatilizarse su trayectoria sea visible por ionización (2) desde la superficie
terrestre. Sin embargo, el observador pierde la perspectiva y contempla como el fenómeno
acontece proyectado sobre las mismas estrellas (3). Por ello, se las ha denominado
vulgarmente estrellas fugaces. Cada meteoro será contemplado con una perspectiva
diferente según sea la distancia al radiante y la altura sobre el horizonte en la que lo
observemos. Por ejemplo, los meteoros cercanos al radiante serán puntuales o de trazo muy
corto, siendo sus velocidades angulares lentas. Los trazos de aquellos que veamos más
alejados serán más largos y sus velocidades angulares mayores. Todos los que tienen un
origen común, sin embargo, parecerán provenir indistintamente de una misma región
celeste que se denomina radiante. |
|
 |