Quizás sorprenda al lector que la mayor parte de las
fotografías de meteoros se realicen sin seguimiento. No nos importa que los trazos
estelares aparezcan como consecuencia de la rotación terrestre, simplemente
interpolaremos la posición de las estrellas al momento en que apareció el meteoro. Esto
se hace así puesto que en astrometría debemos evitar el seguimiento automático
imperfecto de las fotografías (en paralelo ó piggy-back sobre telescopios mal
orientados hacia la Polar). La razón es evidente, cualquier imperfección en la posición
estelar de la placa fotográfica introducirá una gran indeterminación en el punto de
aparición del meteoro. Sin embargo, mucha precaución pues si
realizamos fotografías sin seguimiento debemos tomar de manera precisa (al segundo) el
tiempo de inicio y fin de la exposición y, además, el de aparición del meteoro.
Si esto no se hace así, deberemos limitar en sumo grado el tiempo de exposición
fotográfico y considerar que el meteoro apareció en el instante intermedio de la
exposición, lo cual introduce un error astrométrico muchas veces inadmisible para
calcular órbitas. A las velocidades orbitales de los meteoroides un error de un segundo
en la determinación del tiempo de aparición puede significar que el nodo orbital del
meteoro no se encontraba en la posición determinada sino: ¡a decenas de kilómetros de
distancia!
Sin embargo, en caso de actividad meteórica intensa
donde no sea posible registrar la hora de aparición de todos los bólidos, las
exposiciones con grandes angulares de 1 ó 2 minutos pueden permitir obtener una
astrometría aceptable para un cálculo de órbitas aproximado.
Los objetivos que utilicemos deberán abarcar un
campo grande y ser lo más luminosos posibles con una focal entre 24 y 35mm si las
estaciones no están alejadas en línea recta más de 150 kilómetros. De ser la distancia
entre estaciones mayor o no disponer de objetivos de este tipo podremos usar los más
extendidos de 50 mm. Aunque estos últimos objetivos suelen ser más luminosos y pueden en
consecuencia registrar meteoros más débiles, sin embargo el campo que abarcan es menor
y, por tanto, se reduce la posibilidad de fotografiar meteoros. Los teleobjetivos sólo
serán utilizados por nosotros en contadas ocasiones y nunca como sistema fotográfico de
trabajo. Con ellos sería prácticamente imposible obtener un rastro meteórico completo.
La razón de seleccionar objetivos de gran campo es
que con ellos aumenta la probabilidad de captar meteoros. Esta es directamente
proporcional a la sensibilidad de la película y al tamaño del campo fotográfico según
veremos después. Además, debemos tener en cuenta que a la hora de apuntar la cámara
hacia el campo fotográfico común a ambas estaciones, puede haber errores. En este caso,
si el campo fotográfico fuese reducido, además de ser menor la posibilidad de capturar
meteoros, podría ocurrir que el solapamiento de las regiones atmosféricas fotografiadas
desde doble estación se redujese. De este modo aunque consiguiésemos capturar un meteoro
desde una de las estaciones resultaría muy difícil haberlo capturado desde la otra. Esto
nos ha ocurrido más de una vez con el consiguiente desánimo del astrofotógrafo.
Otros aspectos adicionales al equipo fotográfico
pueden ser los referentes a evitar la humedad (rocío) sobre la óptica. Si la humedad
relativa es elevada resultará muy rápida la condensación y el resultado será la
óptica empañada. La solución más sencilla es emplazar algún sistema de resistencias
que caliente la óptica evitando el rocío sobre ella. Una resistencia disipadora de unos
10-30 Watios cercana a la lente de la cámara resulta suficiente. Debido a la mayor
temperatura del aire que la circunda, se creará una pequeña turbulencia que evitará el
empañado de la lente.
|