Con la finalidad de estimar la duración del meteoro
con un método simple y preciso se inventó el diafragma rotativo. Este consiste en dos o
tres aspas conectadas a un eje de rotación que gira mediante un motor de corriente
continua (y variador de frecuencia) capaz de mantener estable la corriente suministrada.
Estas aspas situadas delante del objetivo funcionan como un obturador único que pasa
periódicamente delante del campo fotográfico. Generalmente se obtura la exposición en
muy breves intervalos que oscilan entre 10 y 25 obturaciones/segundo, variable según sea
la velocidad geocéntrica de los meteoros a fotografiar. Evidentemente la fotografía no
se verá alterada lo más mínimo en lo que a los rastros estelares se refiere debido a
que el tiempo que el diafragma oculta las estrellas es irrelevante. Sin embargo, resulta
toda una sorpresa como nuestro obturador corta repetidas veces el trazo meteórico. Para
conocer la duración de ese meteoro tan solo necesitamos contar el número de veces que se
corta la trayectoria y multiplicarlo por el intervalo de tiempo en el que nuestro
diafragma realiza cada obturación.
Un obturador rotativo básicamente consiste en un
motor paso a paso conectado a un modelo de aspa que gira delante del objetivo obturando la
exposición fotográfica en tiempos breves (entre 0.01-0.05 segundos). Los meteoros que se
desplazan a gran velocidad durante tiempos breves un tanto mayores que esa magnitud (0.5 y
1 segundos) aparecerán en nuestra fotografía entrecortados.
Así pues con este ingenioso sistema seremos capaces
de determinar la velocidad geocéntrica de los meteoroides a la entrada en la atmósfera,
necesaria para calcular la energía orbital del meteoroide y así asociarle una órbita de
manera unívoca. Como hemos comentado antes, la idea básica es obturar periódicamente la
exposición para obtener un trazo alternado del meteoro. Ya que a partir de la doble
estación calculamos la trayectoria y longitud del meteoro, podremos determinar el tiempo
que ha tardado en recorrer esa distancia contando las veces que el meteoro aparece y
desaparece en nuestra exposición. Así queda determinada la velocidad geocéntrica de la
partícula en el momento de intersectar el plano orbital terrestre, es decir, su energía
cinética.
En principio no es necesario que todas las estaciones
dispongan de obturador. Con que desde una de ellas se calcule mediante este sistema la
duración del meteoro será suficiente. Si no disponemos del obturador rotativo podremos
obtener la trayectoria sobre la superficie terrestre del meteoro o podemos asociarle una
órbita parabólica al meteoroide ya que no conocemos la energía de esta partícula. Tan
solo en el caso de conocer el enjambre asociado podemos asumir que la velocidad
geocéntrica debe ser aproximadamente la de las demás partículas cuya velocidad media se
puede obtener de la bibliografía.
Si realizamos fotografías deberemos procurar
utilizar una película lo más pancromática posible cuya respuesta balanceada a todas las
longitudes de onda conozcamos con antelación. En color el autor ha probado varias
películas del mercado, destacando dos de ellas la Kodak Panther 1600 diapositiva y la
Fuji 1600 en papel o diapositiva. Sin embargo, si seleccionamos estas películas
reduciremos considerablemente los meteoros registrados ya que su respuesta es menor que
las demás películas en blanco y negro. Además todas las películas en color presentan
muestras de ortocromaticidad en el hecho que captan preferentemente aquellos meteoros a
cuyo color son más sensibles, como hemos podido comprobar. A no ser que deseemos
conseguir por alguna razón particular meteoros en color, estas películas son totalmente
desaconsejables. Lo ideal es utilizar películas en blanco y negro como la excepcional
Kodak TMAX3200 tratándola con revelador de la misma marca.
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